¿Qué está haciendo un profesor judío debajo
de una cruz? ¿Por qué está enseñando Judaísmo en ese lugar? ¿A quiénes enseña?
¿Cómo puede estar hablando de Purim, Martin Buber o Jánuka, temas tan
emblemáticamente judíos, en un área llamada “San Ignacio de Loyola”?.
La austera cruz me contempla como un faro desde uno de los vértices de
la clase y no sabe de mis preguntas. Esta cruz, no es más que una de cientos de
las que se encuentran por toda la Universidad Católica, sellos silenciosos y
recordatorios de que estamos en un lugar profundamente cristiano.
Me pregunto en un silencio de una fracción
de segundo, cómo llegué a estar aquí, a impartir clases de judaísmo en un
ámbito católico. Mi silencio es quizás interpretado por los alumnos del aula
301 como parte de la clase, pero no, estoy pensando en lo paradójico de la
situación.
Poniéndolo en una metáfora futbolera, me
siento como si gritara un gol de Nacional en medio de la tribuna de Peñarol.
Así es…, así me siento, y debo decir que el
sentimiento no es nada malo. Es más, me siento muy pero muy bien de estar aquí.
Cuando estudié mi carrera de Profesor de
Filosofía en el I.P.A (Instituto de Profesores Artigas), fui preparado para
dictar clases en cualquiera de las instituciones educativas del Uruguay. En mis
28 años de docente he trabajado en no menos de 15 liceos entre públicos y
privados. Incluso mi formación me posibilitó también de dictar clases en
Israel, lugar donde viví casi 3 años. Pero, por razones obvias, el I.P.A nunca
me preparó psicológicamente para ser un “Profe Judío” que iba a enseñar Judaísmo
en “La Católica”. Como Judío Uruguayo, mi relación con el Cristianismo fue
siempre de una respetuosa lejanía. Todavía recuerdo a mis abuelos
transmitiéndome cierto recelo frente a aquellas personas que no eran de nuestra
colectividad.
Mi ingreso a la cátedra de Judaísmo fue
hace 3 años. Tras haber tenido el privilegio de haber sido docente de uno de
los hijos de la Escribana Sylvia Goldstein, actual Directora de la cátedra, la
escribana me invita a participar el primer año, con una idea suya interesante y
revolucionaria para el curso. Conociendo mi otra profesión de músico, me pide
que forme parte del cierre de actividades de ese año, cantando canciones judías
relacionadas con cada uno de los módulos tratados en el curso. Para hacerlo más
accesible, me pide que en lo posible las cante en castellano, para que todos
los alumnos pudieran comprenderlas. Si bien la idea fue suya, debía pasar por
el permiso del entonces Director y fundador de la cátedra, el entrañable Nisso
Acher.
Recuerdo aquella entrevista en el hermoso
apartamento de la calle Bulevar Artigas, y como me introdujeron a lo que es hoy
esta increíble realidad de “La cátedra de Judaísmo en la U.C.U”. Y así fue que
ingresé. El primer año cantando, el segundo y el tercero enseñando. El año
pasado me tocó dar Spinoza y Martin Buber, este año el desafío es resignificar
filosóficamente dos de nuestras festividades, Purim y Jánuka.
No
solo fue difícil acostumbrarme a las cruces, sino también a estudiantes de
edades muy heterogéneas, sin embargo, completamente receptivos y respetuosos.
No sé cuál es el porcentaje de judíos entre los alumnos, pero no me extrañaría
saber que es mayoritario el de los que no lo son. Entre los alumnos tenemos
doctores, docentes, abogados, profesionales de diferentes tipos, estudiantes
universitarios, intelectuales de mente y corazón abierto, amantes de la
confraternidad Judeo-Cristiana. En cada clase aparece la pregunta linda y
difícil que pone al docente en aprietos, que hace pensar y reflexionar, que
honra a la famosa frase de nuestro sabio Hilel, “mucho aprendí de mis maestros
pero más de mis alumnos”. El desafío es todavía mayor al saber que por ese
mismo ámbito pasaron Docentes brillantes y grandes personalidades. Créanme que
no resulta nada fácil estar parado en un aula donde también estuvieron: Julio
María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Nelson Pilosof, Miguel Feldman, Nahum
Bergstein entre otros muchos disertantes. Este mes de julio me tocó
resignificar a Purim. Fueron apareciendo en la charla desde Freud a Vaz Ferreira,
desde Tolstoi al Gaón de Vilna, terminando con el Filósofo Emil Cioran.
La clase termina, los alumnos aplauden, la
Escribana pide que nos tomemos todos juntos una foto. Me siento pleno,
inmensamente satisfecho, acabamos de compartir un instante de comunión y de
reflexión a partir de Purim, uno de los tantos increíbles mojones icónicos de
nuestro pueblo. En la foto estamos Profesores y alumnos, judíos y no judíos,
personas de mente abierta.
Mientras posamos para la foto miro de reojo
la cruz y vuelvo con mi monólogo interno. ¡Qué lástima que mis abuelos no están
vivos para poder verlo!…¿¿¡¡Cómo…”Judaísmo en la Universidad Católica”??!!!.
no me lo creerían.
“Judaísmo entre cruces”
27/Ago/2018
Por Prof. Alejandro Schwarz